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Tres conceptos, una reflexión

Durante mi formación como docente universitaria, a través del texto Lo que hacen los mejores profesores de universidad, de Ken Bain, pude conocer el concepto de “vulnerabilidad del estereotipo”. Este fenómeno fue estudiado por Claude Steele, un psicólogo de Stanford, que teorizó que: “cuando las víctimas de estereotipos negativos se enfrentan a una tarea para la que el prejuicio popular dice que no son muy buenas, pero que, no obstante, quieren hacer y creen que son capaces de hacer, aun así, no pueden escapar de las sombras de las creencias que las rodean”. A su vez, la conciencia que estas personas tienen de su estereotipo negativo les agrega una carga de ansiedad, que generaría un retraso y deterioro del rendimiento, lo que empeoraría la situación. De esta forma, explicó que la vulnerabilidad del estereotipo “aparece a menudo cuando los individuos sienten que podrían ser juzgados o tratados en términos del estereotipo negativo o cuando pudieran hacer algo que confirmara ese estereotipo”. Este no es un concepto aislado. Tiene relación con diversos fenómenos, como el efecto Pigmalión y el efecto Rosenthal. 

El efecto Pigmalión tiene su origen en un mito griego. Pigmalión era un príncipe que, en busca de la mujer perfecta, la esculpió en un trozo de piedra. Al terminarla, había logrado una figura sumamente bella a la que llamó Galatea. De ella se enamoró, por lo cual la diosa Venus dio vida a la estatua, realizando los deseos de este príncipe. Esta historia de la mitología griega sentó las bases para que, en 1943, el sociólogo estadounidense Robert Merton conceptualizara el efecto Pigmalión o de la profecía autocumplida, que hace referencia al hecho de que los juicios, ideas y conceptos que tenemos sobre nosotros mismos, otras personas, cosas o situaciones tienden a convertirse en realidad. Según algunos autores, este efecto “requiere tres aspectos: creer firmemente en un hecho, tener la expectativa de que se va a cumplir y acompañar con mensajes que animen su consecución”. 

En 1968, Robert Rosenthal y Lenore Jacobson realizaron ciertos experimentos educativos, a los que titularon “Pigmalión en el aula”. Para uno de ellos tomaron al azar un grupo de alumnos con un coeficiente de inteligencia normal y les dieron sus nombres a ciertos profesores; a quienes les informaron que, de acuerdo con los resultados de una serie de pruebas practicadas, estos alumnos tenían cualidades de superdotados. Al cabo de 8 meses, estos alumnos demostraron un rendimiento escolar realmente de superdotados. En base a estos trabajos, los investigadores postularon que la expectativa de los profesores y su forma de relacionarse con los alumnos habían impulsado un incremento en el rendimiento. Con posterioridad, Rosenthal demostró que el efecto Pigmalión no solo puede ser positivo, como en el experimento antes referido, sino también negativo, dado que encontró que los profesores no respondían bien a los buenos resultados de aquellos estudiantes a los que consideraban menos inteligentes. 

Es interesante poder observar como estos tres conceptos se interrelacionan entre sí y se hacen tangibles en los ámbitos educativo, social, profesional y personal; y recorren de forma transversal los distintos momentos históricos. El poder conocerlos y comprenderlos nos brinda la posibilidad de una nueva reflexión sobre nuestra mirada de la realidad que nos rodea. 

Ana Clara Torre
Secretaria Científica
Sociedad Argentina de Dermatología

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